Artetv Report sobre los jardines de la Casa de Mateus (en francés)

Los vestigios más antiguos de los jardines son atribuidos, por tradición, a Diogo Álvares Botelho Mourão, arcediano de la Covilhã, hermano del tercer morgado de Mateus, que mandó levantar la Casa. Están ubicados al este y constituyen la escalinata en la disposición del eje central de la construcción y los emparrados contiguos. Las plantas relacionadas, de un inventario de fines del siglo XVIII, ubican la salida a los jardines al este, y al sur, un área ajardinada y la quinta.

El tercer conde de Vila Real, además de las mejoras introducidas en la Casa, desvió el camino público que atravesaba la quinta de norte a sur frente a la fachada principal, y plantó, en 1870, los cedros que aún hoy dan sombra al edificio y al lago. Plantó también las camelias y palmeras en los jardines que trazó al este de la Casa y que constituyen, aún hoy, en el límite de la geometría del bancal superior, los únicos rincones íntimos y románticos de todo el jardín.

En la década de 1930, la segunda condesa de Mangualde mandó plantar los jardines de bignonias al este de la Casa, con diseño de Gomes de Amorim. Su hijo, que es quien instituyó la Fundación, incluyó en el conjunto de las grandes obras que realizó el espacio exterior que rodea toda la construcción, modificando definitivamente su aspecto general.

Plantó el túnel de cedros que cubre la escalinata oriental, realzando el eje de perspectiva longitudinal que caracteriza todo el conjunto, construyó, al norte de la casa, tres estanques con diseño de António Lino, reformuló los jardines de bignonias del bancal inferior, uno de los cuales fue diseñado por Paulo Bensliman, y la geometría de cercas vivas y arcos al sur de la Casa.

Entre 1950 y 1970, sobre un consistente proyecto de Gonçalo Ribeiro Teles, D. Francisco de Sousa Botelho de Albuquerque modificó totalmente el área que rodea la fachada principal de la Casa. Creó una nueva entrada que, en un trazado muy bien logrado de diseño construido y vegetal, concibe la sorpresa y el encantamiento que constituye el acercamiento a la Casa, con la vista del alineamiento de su perspectiva central.

El lago, un espejo de agua construido a mediados del siglo XX, prolonga de forma perfecta el conjunto edificado, refleja la fachada principal de la Casa y, como está rodeado por un bosque de castaños y robles plantado en los años sesenta, al reflejarla coloca a la Casa en medio de la vegetación.

La escultura de João Cutileiro, que desde 1981 duerme en el Lago, ya forma parte de la imagen de la Casa.