La Casa de Mateus fue mandada construir en la primera mitad del siglo XVIII por António José Botelho Mourão, tercer Morgado de Mateus. El nuevo edificio sustituyó entonces a la casa de la familia emplazada en ese lugar desde comienzos del siglo XVII. En 1910 fue clasificada como Monumento Nacional.

Los objetos que están en exposición permanente en la Casa de Mateus constituyen un importante conjunto patrimonial y artístico de referencia, que revela la historia de la familia y de la Casa. De modo que la Casa de Mateus es actualmente un espacio museológico que mantiene, en muchas de sus áreas, la funcionalidad original.

Una visita a la Casa permite conocer, en el piso principal, los aposentos originales de la Casa, además de las salas de exposición del museo inicialmente instalado por D. Francisco de Sousa Botelho de Albuquerque. En la planta baja se encuentran núcleos de exposición específicos en las antiguas dependencias de servicio, rehabilitadas por la Fundación.

La capilla, la bodega y los jardines forman parte de la visita.

El Salão de Entrada, al estilo de las salas de armas típicas de las casas nobles de los siglos XVII y XVIII, exhibe, en el techo de madera de castaño, las armas del constructor de la Casa, António José Botelho Mourão: Botelho; Mourão; de Vasconcelos; Aguiar (las mismas que se encuentran a lo alto y al centro de la fachada de la Casa).

Fue D. Francisco de Albuquerque que, sobre la base de un cortinado original con las armas de los Sousa, mandó confeccionar los otros tres, cuyos blasones representan las ramas Botelho, Melo y Albuquerque. También mandó hacer los bancos que rodean la sala, diseñados por Paulo Bensliman.

En el ala norte, contigua al salón de entrada, la biblioteca guarda, además de un conjunto notable de libros antiguos, los documentos, pruebas, planchas y demás elementos relacionados con la tan famosa edición de los Lusíadas de 1817, a cargo del morgado de Mateus, D. José Maria.

La edición fue impresa en los talleres de Firmin Didot, en París. Gérard orientó y coordinó el pedido y confección de los doce grabados, diez de las cuales son alusivas a cada uno de los cantos del poema y las otras dos representa Luís de Camões y D. José Maria, dibujadas por Evariste Fragonard y Alexandre Desenne, y las planchas de cobre abiertas por Raphaël-Urbain Massard (le Jeune).

Se imprimieron 210 ejemplares en papel, que el Morgado ofreció a grandes personalidades europeas y portuguesas, a bibliotecas públicas y a instituciones científicas y culturales de todo el mundo.

Para si mismo D. José Maria mandó imprimir un ejemplar único, en pergamino, que vinculó en testamento, conjuntamente con las planchas de cobre, al Morgado de Mateus.

En el lado oeste de la misma ala, el tercer conde de Vila Real instaló, en las antiguas ‘Salas de Mateus d’Allém’ cuatro habitaciones a las que se accede por un corredor que proviene de la sala de la biblioteca. Más tarde, su nieto D. Francisco, reformó esta ala para hacerla más cómoda y funcional. La última habitación de este corredor conserva el techo original.

Entre los muebles que se destacan en estas habitaciones, llama la atención, en la segunda, un lecho del período de D. José I con cabecera calada y tallada con un penacho plumas de remate. En el estilo que tuvo amplia aceptación durante la época de D.a Maria I, la primera habitación tiene una cama de características neoclásicas, de perfiles rectos y con la sobriedad decorativa que reemplazó las formas y la decoración tallada de los ciclos artísticos anteriores.

Estas habitaciones aún conservan en su sitio original los armarios empotrados, entre ellos uno de palisandro con el frente decorado con molduras rizadas. La selección de los cuadros que decoran las habitaciones obedece a las prescripciones de la época, que determinaban para estos aposentos pinturas de temas religiosos.

En la Sala do Tijolo, al sur del Salão de Entrada, dominan los retratos del rey D. João V e D.a Maria Ana de Austria y una serie alegórica de las cuatro estaciones pintadas al estilo de Arcimboldo por un pintor del siglo XVII. El cuarto morgado, D. Luís António de Sousa Botelho Mourão, que en un documento de 1786 identifica estas cuatro pinturas como pertenecientes a la colección de la Casa de los Moroleiros, nos legó algunas descripciones de la decoración original de los aposentos de la Casa de Mateus. En la Sala dos Tijolos registra la existencia de un ambiente de riqueza y confort decorado con un juego de tapices con episodios bíblicos sobre David, Nabucodonosor y Eliseo, y con cortinados de brocado amarillo y rojo, con flecos de seda, que cubrían las cinco puertas. Aquí se encontraba también un bufete revestido con un paño del mismo género. Actualmente la sala contiene un consistente conjunto de contadores, ejecutados en viñátigo, palisandro y palisandro de La India, en los que se pueden observar las características del llamado “estilo portugués” que se distingue por la decoración con molduras rizadas y los torneados con fuertes estrangulamientos.

En los ejemplares de mayor tamaño, D. Luís António guardó, con buen criterio, parte del fondo documental de la Casa, tarea continuada por su hijo.

En el centro de la sala, sobre una mesa de tres patas de palisandro de La India torneada por un ebanista de calidad, se expone un admirable plato hispanoárabe de loza con decoración de reflejos cobrizos, producido en las alfarerías de Manises.

En la Sala da Loiça Azul, antiguo escritorio, se encuentran los retratos de la familia, en óleos, grabados, acuarelas y fotografías de época. Patrimonio iconográfico que, reunido desde el siglo XVII, se convirtió en una expresión emblemática y simbólica de la identidad, unidad y continuidad que el poder y el prestigio le confirieron a la familia.

El pequeño conjunto de muebles que decora esta sala está formado por un piano de mesa de fines del siglo XIX, un contador japonés lacado, con decoración dorada en relieve y con el interior de los cajones en makié, del primer cuarto del mismo siglo, y un bargueño portugués en el que se exhibe parte de una vasta vajilla de porcelana china, con decoración de “Cantón”.

La calidad y la cantidad de objetos de porcelana importada que todavía se conservan en Mateus testimonian la variedad y el refinamiento del servicio de mesa que se estilaba en la Casa, especialmente a partir del siglo XVIII, a través de la adquisición de diversos tipos de objetos de carácter decorativo y de inmensas vajillas de porcelana china hechas por encargo, también conocida como porcelana de la Compañía de Indias.

En el comedor, que en ocasiones especiales todavía se usa, se encuentra un imponente aparador de viñátigo y palisandro macizo, con el frente de las puertas y de los cajones decorados con molduras rizadas. El cuerpo inferior está formado por seis cajones dispuestos de modo que parecen catorce y, en el cuerpo superior, tiene dos medias puertas y tres anaqueles en los que se exponen actualmente algunas piezas de platería de los siglos XVIII y XIX.

Entre la platería rococó merece ser destacada una tetera inglesa densamente decorada con motivos de conchas, pagodas y volutas.

Combinando con las nuevas tendencias de gusto neoclásico, se observa un hermoso conjunto de jarra y palangana decorado con estrías acanaladas, de fines del siglo XVIII.

Los condes de Vila Real actualizan la mesa de Mateus con la adquisición de una nueva vajilla de porcelana china, decorada en oro, una vasta cristalería, y un refinado juego de té y juego de cubiertos de plata con monograma.

En armonía con la función de esta sala, el tema de la naturaleza muerta está ampliamente representado en varios lienzos pintados por artistas del círculo de Amberes, especialmente Jan Fyt, Frans y Peter Sneyders.

La Sala de Visitas, también llamada Sala Rica, reúne un excepcional conjunto de muebles importados, provenientes de distintos horizontes culturales. Enmarcada por el carácter decorativo y alegórico de los cuadros del círculo de Pierre Mignard, la diversidad de muebles expuestos en este aposento le crea una atmósfera de refinamiento y exuberancia. Proveniente de la región de Gujarate, en el norte de la India, el panel de madera de teca enchapada en concha de tortuga y madreperla, que actualmente se presenta adaptado a una mesa del siglo XIX, es uno de los objetos más importantes del mobiliario de la Casa. Hay abundantes referencias a contadores, arcones, tableros de juegos de salón, escritorios y tapas de mesa revestidos con incrustaciones de madreperla y concha de tortuga que de esta y de otras regiones del Imperio Mogol llegaban a Portugal, destinados a enriquecer el patrimonio de las casas nobles.

Otro ejemplo de la miscegenación estética entre Oriente y Occidente, producida por la presencia de los portugueses en la India, es el contador indoportugués expuesto en esta sala.

La decoración con incrustaciones de ébano y marfil sobre la estructura de teca forma un denso y minucioso patrón vegetal en el que no faltan las habituales representaciones de tigres.

Está asentado sobre un trípode en forma de mesa, dotada de dos cajones y de un cuerpo inferior abierto en cuatro arcos. En las patas están esculpidas cuatro nagini, divinidad hindú guardiana de los tesoros acuáticos.

Del mismo tipo y con la misma función, merece ser destacado el bargueño que se encuentra en el lado opuesto de la sala, apoyado sobre un armario bajo con puertas y gavetas. La tapa rebatible, el interior dividido en compartimentos, con una serie de pequeños cajones y puertas con frentes y columnatas de hueso, la rica policromía realzada con oro y los complejos herrajes son algunas de las particularidades que habitualmente se observan en este mueble, una de las piezas distintivas del estilo español. La ebanistería inglesa está representada por un importante conjunto de armario y reloj de caja alta de roble con decoración de marquetería floral en cinco tonos de maderas exóticas. Difundida en Holanda, alrededor de 1675, la moda de la marquetería de motivos florales fue rápidamente seguida por los muebles ingleses del periodo William and Mary. Joseph Windmills, maestro relojero construyó en 1702 el mecanismo del reloj de Mateus. La sala contiene también un armario oratorio portugués, decorado con pintura lacada roja y motivos dorados que recuerdan los herrajes de los armarios “bronceados”.

En las salas del Museo, instalado en ellas por D. Francisco, tercer conde de Mangualde y recientemente remodeladas por la Fundación en el ámbito del nuevo programa museológico, se ha reunido una colección significativa de obras de arte sacro, que representa la sensibilidad religiosa de los miembros de la familia que, especialmente a lo largo de los siglos XVII y XVIII, fueron enriqueciendo el servicio de liturgia y culto de la Capela de Nossa Senhora dos Prazeres, a través de la adquisición de paramentos de plata, ornamentos e imágenes de devoción.

Al atesoramiento de objetos destinados a solemnizar las celebraciones de la capilla, se sumó el ingreso de una importante colección de reliquias donadas por Diogo Álvares Mourão, el Santo Arcediano, que trajo de Roma gran cantidad de fragmentos óseos de santos mártires y confesores. Del vasto conjunto de receptáculos consagrados a la guarda y veneración de las santas reliquias, se destaca la serie de relicarios de plata en forma de ostensorio, ejecutada por un orfebre romano.

La colección de esculturas revela las fuertes convicciones y la profunda religiosidad que los protagonistas de la historia de la Casa de Mateus siempre observaron. En armonía con la espiritualidad de la época barroca, en la que se observa un fuerte impulso de las devociones marianas, las obras más importantes expuestas actualmente en el Museo representan un atractivo testimonio de la cantidad y diversidad de esculturas que la Casa dedicó a la Virgen.

Entre las obras más importantes se encuentran las imágenes de la Virgen de la Concepción, de marfil, de origen indoportugués, y las de Santa Ana enseñando a la Virgen a leer, que fue una de las devociones principales de D. Luís António de Sousa Botelho Mourão, cuarto morgado de Mateus.

El Museo posee también un magnífico Cristo moribundo, del Ceilán portugués, y un relieve alemán del siglo XVI, labrado en mármol de Solhnofen, que representa el Descenso de la Cruz y es una de las obras más notables de la colección de la Casa de Mateus.

En la segunda sala están concentrados los ornamentos y paramentos más importantes puestos, por las diferentes generaciones, al servicio de la capilla, que en los días más solemnes hacía gala de una gran intensidad escénica y emocional. En 1759 la Gazetta de Lisboa se hizo eco de la celebración de un Te Deum Laudamus solemnemente cantado, con música, en acción de gracias por las mejoras de D. José, ceremonia presidida por Luís Botelho Mourão, canónigo de Braga asistido por los arcedianos de Covilhã y de Labruje, por la comunidad de São Francisco y por el clero de las parroquias vecinas.

La construcción del nuevo templo, en 1759, incluyó también la renovación de las vestiduras eclesiásticas y de todos los paramentos que se usaban en las ceremonias litúrgicas. Coevo de la apertura al culto de la nueva capilla, se conserva un paramento pontifical, un juego de sagrarios y una custodia hecha en Roma. Entre las existencias que merecen ser citadas está también el conjunto de tres escapularios de la Orden Carmelita Descalza que acompañó a D. Luís António durante su permanencia en el Brasil, claro testimonio del culto privado del cuarto morgado de Mateus a Nossa Senhora do Carmo, que lo llevó a bautizar a dos de sus hijos, D.a Maria do Carmo y D. José Maria do Carmo, el morgado de los Lusíadas, con el nombre de esa invocación de la Virgen.

Además de las dependencias que se dedicaban a la exposición permanente de la colección de referencia de la Casa, la Fundación rehabilitó en el 2004, en la planta baja, la ‘Casa das Batatas’ y la ‘Frasqueira’, para instalar un núcleo de exposición dedicado a D. Luís António de Sousa Botelho Mourão. Allí puede verse un conjunto diferenciado de elementos relacionados con su figura, especialmente los que muestran su faceta militar.

La notoriedad de D. Luís ante la Corte se debió a su respuesta inmediata a la llamada invasión española de Portugal en 1762. Teniente Coronel de la Caballería de Chaves, percibió el ataque sorpresa a la frontera y consiguió repeler un enorme y bien armado regimiento español.

La repercusión de esta acción motivó, como consecuencia de las políticas pombalinas, el nombramiento de D. Luís para restaurar, sobre todo militarmente, la Capitanía de São Paulo que estaba extinta.

En 1764, fue designado gobernador y capitán general de la Capitanía de São Paulo, en el estado del Brasil, cargo que ejerció de 1765 a 1775.

En el ámbito militar regimienta ejemplarmente la tropa, funda la plaza de Iguatemí en la frontera con Paraguay, y conquista un amplio territorio del estado de Paraná que era aún desconocido.

La campaña de restauración de la Capitanía de São Paulo, basada en la organización militar, la exploración del territorio, la urbanización y la reactivación de la economía, contó con el cuarto morgado de Mateus como eficaz conductor.

Se muestra alguna correspondencia de naturaleza más íntima con su mujer, D. Leonor Ana Luísa Josefa de Portugal, que administró la casa de Mateus durante la ausencia de D. Luís António.

En esta sala se exhiben también algunos de los atavíos usados por el cuarto morgado en actividades ecuestres y festividades de la corte. Llaman la atención los dos tellices de terciopelo rojo con aplicaciones bordadas representando, al centro, las armas de los Botelhos, y un ejemplar de terciopelo azul con las armas de Sousa do Prado y Botelho bordadas en punto lleno. Estas piezas cubrían los caballos que, en ceremonias públicas, eran conducidos a mano, sin silla de montar, e identificaban a sus propietarios a través de las representaciones heráldicas.

Estos adornos ecuestres sugieren un vínculo con las caballerizas, situadas al lado de este espacio de exposición, sobre el eje central que atraviesa la Casa, bajo el Salão de Entrada.

La litera del siglo XIX, también expuesta aquí, lleva las armas de los Melo, cuyo linaje está representado en la actualidad por el presidente en ejercicio de la Fundación, D. Fernando de Sousa Botelho de Albuquerque, conde de Mangualde, Vila Real y Melo.

La capilla, cuyas obras fueron iniciadas por el constructor de la Casa, António José Botelho Mourão, y concluidas después de su muerte, fue inaugurada en 1759 por su hijo, D. Luís António. Sustituyó a la antigua capilla de 1641, de la que se aprovecharon el techo y el altar mayor en la nueva sacristía.

A la par que el deseo de monumentalidad y de hacer más solemnes los cultos religiosos en la Casa de Mateus, la existencia de una amplia colección de reliquias dejadas, en testamento, en honor de Nossa Senhora dos Prazeres, por Diogo Álvares Mourao, el Santo Arcediano, hermano del morgado da Prata y tío del constructor de la Casa, motivó la construcción del nuevo templo.

De Roma, en donde estableció relaciones con distinguidas figuras de la curia papal, entre las cuales, el Cardenal Sacripanti, durante el pontificado de Clemente XI, el Santo Arcediano trajo una gran cantidad de reliquias, que actualmente se conservan en el Museo, y el cuerpo de San Marcos Mártir, expuesto en la capilla.

António José fundamenta su pedido al Arzobispo de Braga para demoler la antigua capilla y construir una nueva, en la “mayor honra y gloria de Dios” y para “mejor poder colocar muchas reliquias que el suplicante tiene (…) desea transferir dicha capilla a otro lugar en el que pueda cumplir con más capacidad y grandeza el efecto mencionado (…) respecto a reliquias de cuerpo, tiene el suplicante el cuerpo entero de San Marcos Mártir y otras muchas más en cantidad considerable, todas aceptadas por el Sumo Pontífice Clemente I…”

Entre los morgados de Mateus aquí sepultados se encuentran D. Luís António, D. José Maria, el tercer conde de Vila Real, D. José Luís, y D. Francisco, sexto conde de Vila Real, quinto conde de Melo y tercer conde de Mangualde.